río chepu






de la casa
de troncos apilados
dos muros levantaron
llovía
reposaban
se miraban y no hablaban
y el cazador de coipos dormitaba
detrás
de la sombra y el fuego
y su calor
y el oscuro cielo
y la luz de las estrellas
¡balseo!
¡balseo!
gritó
el revolver remeció la noche
y al barbudo y alto viejo
en ese entonces

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